sábado, 30 de mayo de 2026

LA TERMODINÁMICA DEL SENTIDO: HACIA UNA EPISTEME DE LA IMPLICACIÓN


Información y significado refieren a la misma realidad, pero el significado es el producto de una conciencia, de un aconte-ser vivo. No puede concebirse, por tanto, la existencia de enunciados lingüísticos 'objetivos'. El sujeto siempre está implícito y, junto con él, una forma de situarse frente al mundo.


La Epistemología Mestiza resuena con todas aquellas concepciones y teorías que sostienen que los aconte-seres vivos, de los más simples a los más complejos, instituyen progresivamente un mundo de significados, que termina por ser su realidad primordial. Por ello, la distinción entre “información” y “significación” es relevante.

La in-formación tiene lugar en todos los órdenes de lo real, incluyendo lo inanimado. Ya hemos visto que, según ciertas teorías físico-cosmológicas contemporáneas, el universo mismo (el cosmos, el espacio-tiempo) es esencialmente un suceso o un acontecimiento in-formativo que tiene lugar “en la frontera dimensional” que es el vacío. Esto significa que, en última instancia, energía e información son asimilables, constituyen una misma realidad considerada desde dos perspectivas diferentes, desde dimensiones diferentes.

La información, según la célebre definición de Gregory Bateson, puede entenderse como 'noticia de una diferencia'. No obstante, la Epistemología Mestiza precisa que, en el orden de lo real inanimado, la información es estrictamente señal de una diferencia. La luz, por ejemplo, no espera a ser vista para ser real; es la señal tangible de las diferencias de polaridad en el campo electromagnético. Tal diferencia es constitutiva de lo real; es más, lo que llamamos “realidad” surge o es la manifestación de tales diferencias

Otro es el caso de los significados. El sujeto está en la base y es el fundamento de la significación. Más aún: la significación es instituida por los sujetos para registrar (y comunicar) las diferencias percibidas en la realidad. El de la significación es pues, hablando con propiedad, un proceso de transducción de la información en los organismos vivos, y entre ellos.

El lenguaje simbólico y articulado de los aconte-seres humanos es un sofisticado sistema de creación y transmisión de significados valiéndose de un código compartido. Nada en él puede ser neutral ni objetivo, pues todo enunciado, por el hecho de serlo, implica una subjetividad, un sujeto de enunciación.

No obstante ello, la objetividad, la anulación de todo vestigio o resquicio de subjetividad, es uno de los presupuestos del saber científico. Las ciencias físicas fundamentan su objetividad en la matematización, es decir, en la abstracción de sus teoremas y enunciados; otras disciplinas científicas se amparan en la “neutralidad del método” aplicado para obtener sus conclusiones, para de ahí derivar su carácter objetivo.

La Epistemología Mestiza postula y defiende que todo enunciado lingüístico comporta, además de información, un “gradiente de sentido” que sitúa y pone en relación al sujeto de enunciación con el contenido del enunciado. Dicho en otros términos: lo que afirmamos dice del mundo, pero dice también de nosotros y de nuestra relación con el mundo, de cómo nos situamos en él y lo entendemos.

La “objetividad” de las ciencias modernas implica una episteme, una concepción acerca de la relación entre el mundo y los aconte-seres humanos o “sujetos cognoscentes”. El presupuesto implícito es que el sujeto-conciencia y el mundo-objeto pertenecen a dos órdenes radicalmente diferentes de realidad. La Epistemología Mestiza, por el contrario, entiende que sujeto y mundo son constituyentes de una misma y única realidad. El sujeto está implicado en el mundo porque emerge de él y porque pertenece a él; están en el mismo orden de realidad. Esto no significa de ninguna manera que el conocimiento no sea posible, tan solo que es relativo.

Veamos esto con un ejemplo ilustrativo.

Desde el punto de vista de la termodinámica clásica, y en buena medida también para la Ciencia de la Complejidad, los sistemas físicos y orgánicos crecientemente complejos -átomos, moléculas, galaxias, estrellas, planetas, células, organismos multicelulares, ecosistemas y sistemas sociales, etc.- surgen, se constituyen o se articulan “para resolver las tensiones del sistema dentro cual emergen”.

La emergencia del sistema atómico resuelve las tensiones cuántico-probabilísticas de la microfísica de partículas; las moléculas emergen como resultado y resolución de las tensiones (de polaridad, carga y peso) de los átomos en el tejido espacio temporal; impulsadas por las diferencias gravitatorias, las moléculas se agrupan dando origen a nuevas moléculas y a nuevos elementos atómicos, etc. Los cuerpos celestes, y los sistemas que los organizan, responden a esa misma lógica: la resolución de las tensiones surgidas en el nivel precedente de organización, del cual emergen. La vida no es de ninguna forma una excepción, pues emerge, ahí donde existen condiciones favorables para que lo haga, por las mismas razones y bajo las mismas premisas.

Desde esta perspectiva, todos los sistemas y organizaciones que constituyen lo que llamamos “universo” no tienen otro propósito, otra “finalidad”, que disipar los gradientes de energía que existen en el universo: energía gravitatoria, electromagnética, calórica…

Organizados por las leyes físicas, los “sistemas complejos” surgen como resultado de esas diferencias y con el propósito de anularlas. Frase bien conocida en los predios de la termodinámica es aquella que sostiene que “la naturaleza aborrece los gradientes”. 

Ahora bien, el contenido de estas relaciones que acabamos de describir, puede enunciarse también de la siguiente forma: “todo cuanto existe es una manifestación de la energía potencial del universo.”

Termodinámicamente hablando, la expresión guarda el mismo rigor (quizás incluso mayor, puesto que la noción de “finalidad” o “propósito” ha desaparecido por completo); sin embargo, la frase está preñada de otros sentidos, encierra otras posibilidades de interpretación, y de alguna forma crea una relación muy diferente entre los elementos aludidos, incluyendo el sujeto de enunciación. Aquí el mundo ha dejado de ser un mecanismo de degradación energética, para convertirse en una manifestación de las potencialidades del universo. Dos descripciones profundamente diferentes, válidas ambas, de una misma realidad.

Lo mismo ocurre con la aseveración: “todo cuanto existe o sucede es expresión de la riqueza de potenciales subyacentes en la realidad.” Ciertamente, el lenguaje se aleja aquí de la física termodinámica, pero el contenido de la expresión puede ser fácilmente llevado a términos científicos.

¿Qué ha cambiado? Nada, apenas, en el contenido informativo; mucho, sin embargo, en el significado.

Esto es lo que quiere decir la Epistemología Mestiza cuando afirma que el lenguaje es un gradiente de sentido.

Por tratarse de significados, el mismo sistema de relaciones observado en la realidad, puede expresarse de muy diferentes formas; cada una conlleva una concepción del mundo y del lugar de los aconte-seres en él. La ciencia expulsa al aconte-ser del mundo, lo enajena de él, convirtiéndolo en extranjero. La Epistemología Mestiza apunta a suturar esa rotura, esa herida, situando el aconte-ser humano como singularidad dentro de una Singularidad.

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