El universo
conocido -el universo, desde la perspectiva humana- es coextensivo al orden
atómico. En otras palabras: todo cuanto sabemos del universo tiene que ver con
la organización energética estructurada en los átomos. Los fotones -emisarios
cósmicos, portadores de información-, emergen de la excitación del campo
electromagnético por los electrones cuando se desplazan. La amplitud de nuestro universo conocido es la misma del espectro electromagnético. Las interacciones electromagnéticas son los
límites de lo detectable y de lo conocible para nuestra especie, es decir, para
nuestro sistema cognitivo.
No obstante, hoy la
física tiene evidencia de que eso no es todo lo que existe: la así llamada “materia
oscura”, que no interactúa con los fotones, pero ejerce influencia gravitatoria
sobre el campo métrico del espacio tiempo. Según las estimaciones de los físicos, la materia ordinaria da
cuenta, apenas, de una quinta parte de la materia total del universo. Es decir,
cerca del 80% de la masa que curva el espacio-tiempo obedece a lo que hoy
llamamos 'materia oscura' o 'materia no bariónica'.
Un examen
riguroso de lo hasta aquí expuesto, nos obliga a reconocer que no sabemos con
certeza si esa “materia no bariónica” responde a una sola configuración, es
decir, si es un orden unitario (como el atómico/electromagnético) de “nuestro”
universo, o si esa influencia gravitatoria detectada por los físicos obedece a
diversas organizaciones o configuraciones energéticas. Nada sabemos de ello.
Valiéndonos de
una analogía, podemos afirmar, con relativa certeza, que “nuestro” universo
bariónico “colinda” con otra u otras realidades con las que apenas interactúa,
pues solo tenemos evidencia gravitatoria de ellas.
La Epistemología
Mestiza parte de la premisa de que la capacidad imaginativa es un elemento
integral de nuestro sistema cognitivo. La imaginación y la especulación son,
por decirlo así, una marca o un sello de nuestra especie. De ahí la premisa
epistémica de buscar convergencias o espejamientos entre el pensamiento
mitológico y el pensamiento científico.
Ahora bien, lo
que queremos proponer aquí va más lejos, es decir, más allá de las fronteras de
la imaginación, tal y como la “materia oscura” se sitúa más allá de la materia
bariónica.
Si “nuestro”
universo es el universo bariónico y nosotros somos “vida bariónica”, nada
nos autoriza a descartar la posibilidad de que más allá de estos linderos,
en el universo que se abre ahí donde empieza la “materia oscura”, existan
otras formas de organización energética que hayan desembocado en fenómenos
análogos a la vida, es decir, en sistemas auto organizados, auto replicantes, adaptativos a su medio, mutantes y capaces de actuar con relativa autonomía.
Si existe la
materia bariónica organizada como “vida bariónica”, ¿por qué no podría ser
parecido con otras formas de materia y energía?

No hay comentarios:
Publicar un comentario