sábado, 2 de mayo de 2026

EL VACÍO EN EL ESPEJO

 

El mandala del Vacío - El isomorfismo entre el vacío físico del que emergen la energía y la materia, y la conciencia, como tensión primaria de la que emergen las representaciones mentales y los símbolos, fue intuido y postulado desde la antigüedad por la metafísica hindú. He aquí una interpretación mestiza de dicho isomorfismo.

Iniciemos con una imagen provocadora, un enigma como el que la Esfinge de Tebas masculla y calla mientras se desmorona con el viento del desierto desde hace milenios: ¿qué miraríamos si colocamos el Vacío frente a un espejo?  

Viene esto a cuento, porque para el sentido común, una de las nociones más desafiantes de la física contemporánea es, sin duda, el concepto de “vacío”.

Lo que nos dice la física y no solo la teórica, sino también la experimental es que “el vacío” es cualquier cosa, menos vacío.

Incluso en las planicies intergalácticas donde los átomos son objetos raros, casi inexistentes, “eso” que está ahí, esa “geometría” que separa las masas galácticas, está tensionada “desde dentro”, tiene una densidad positiva y una presión negativa (lo que, de paso, impulsa al espacio-tiempo en su incesante expansión…)

Durante la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos del presente, descifrar y comprender qué es y, sobre todo, qué ocurre ahí donde solo hay “vacío”, se convirtió en una de las empresas más audaces y apasionantes de la física.

Hasta hoy, los científicos están lejos de creer saberlo todo, pero ciertamente, descubrieron muchas de las características de ese vacío, espacio-tiempo desnudo, geometría obcecadamente real y verificable, desde donde la materia emerge.  

No es esta Epistemología Mestiza la llamada a extenderse en profundidad sobre esos apasionantes hallazgos de la Física, pero a modo de abrebocas, puede decir que, tensionado por las presiones cuántico-probabilísticas, ese vacío bulle en chispeante e imperceptible actividad.

Lo que ahí ocurre está en las fronteras de nuestro entendimiento, pues en sentido estricto no puede considerarse energía ‒menos aún, materia y su naturaleza al menos desde la perspectiva humana solo puede aprehenderse y describirse con conceptos lógico-matemáticos o cibernético-informativos.

No obstante ello, esto no le quita un ápice de realidad, pues bajo condiciones experimentales (aceleradores de partículas, etc.) esas probabilidades, esas condiciones lógico-matemáticas, devienen manifestaciones tangibles y empíricamente verificables de energía. El vacío, pues, está cargado ¡y cuánto! de potencialidades y energías.

Más aun: todo cuanto para nosotros existe de los átomos a las galaxias, de los agujeros negros a las estrellas, de los planetas a los púlsares y a los organismos vivos surgió de ahí en lo que bien puede describirse como una exhalación. En efecto, toda la energía y la materia de nuestro universo, es el resultado de lo que de forma poco ortodoxa podemos describir como un “ajuste energético” de ese vacío.

La física contemporánea nos lo cuenta así: hubo un momento en que la tensión interna del vacío alcanzó un punto tal, que la Singularidad estaba impelida a encontrar un nuevo equilibrio; liberando o desprendiéndose de energía, lo encontró. El espacio-tiempo y todo lo que aquí ocurre es fruto de la energía liberada por el vacío en aquel momento.

Más afecta a las metáforas e imágenes que a las ecuaciones (de las lamentablemente poco entiende), esta Epistemología Mestiza interpreta entonces que todo cuanto ocurre en el espacio-tiempo es sedimento de aquella exhalación del Vacío Pleno (como llaman los físicos a ese vacío original antes del Big-Bang, para distinguirlo del actual, reducido desde entonces a su estado de energía basal o punto cero.)

Donde no hay moléculas, ni átomos, permanece ese vacío tenso y cargado como soporte de la geometría del espacio-tiempo, y sin aquél, este simplemente se desvanecería y el universo perdería su consistencia y unidad.

Todo esto resulta sin duda fascinante. Y ya que el espejamiento es el medio de re-conocimiento por excelencia de la Epistemología Mestiza, ensayaremos aquí uno de la mayor audacia.

Sin embargo, hemos de empezar diciendo que, como casi todo lo que plantea la Epistemología Mestiza, no somos originales en esto, pues esta misma idea fue expresada con precisión por la metafísica hindú alrededor de tres mil años antes de que las teorías del Vacío de la Física contemporánea empezaran a tomar forma.

Nos referimos, naturalmente, al espejamiento entre el Vacío y la conciencia.

Para realizar este espejamiento sin escorar la barca hacia la mística y mantener el rumbo de la Epistemología Mestiza, debemos precisar muy bien lo que entendemos por “conciencia”, puesto que del vacío dijimos suficiente.

En el contexto de la Epistemología Mestiza, entendemos por “conciencia”, en primera instancia, la capacidad desarrollada por los aconte-seres vivos con alto nivel de encefalización, para crear una representación interna, construida a partir de imágenes (y, eventualmente, también de símbolos) del entorno en el cual se desenvuelven. En la estela de Konrad Lorenz y otros biólogos, filósofos y etólogos, entendemos la conciencia, fundamentalmente, como ese “órgano de representación” necesario para que la complejidad viviente pueda sostenerse en el entorno en el que surge y está compelida a mantenerse, es decir, como una función de supervivencia.

Dicho esto, podemos preguntarnos: ¿de qué forma o en qué sentidos pueden espejarse el vacío del que hablábamos al inicio y la conciencia que acabamos de definir?

Digamos, primero que nada, que se trata de un espejamiento funcional, es decir, de un isomorfismo, y no de equiparar o igualar la naturaleza de ambos fenómenos.

Un primer espejamiento surge entonces de considerar que tanto el vacío físico o espacio-temporal como la conciencia se erigen como telón de fondo o estado base del que emergen, en el primer caso, la energía y la materia, y en el segundo, las imágenes y representaciones mentales, y que ambos, para operar, se mantienen en un estado de actividad o tensión permanente. (En el caso de la conciencia, esto se pone de manifiesto con lo que la neurociencia ha llamado el Default Mode Network (Red de Operación por Defecto), un conjunto de áreas cerebrales que permanecen activas en todo momento, incluso fuera del registro de la conciencia.)

Visto de esta forma, puede decirse que la conciencia es el "espacio-tiempo" de la mente: para que una imagen (materia mental) emerja, requiere de un fondo de "nada" donde proyectarse. Sin ese vacío, la mente sería como un sólido opaco, incapaz de reflejar el entorno. Más aun, tanto el vacío como la conciencia no solamente “proyectan” las señales, sino que también filtran y decantan la información, para que de ellas emerja algo coherente.

Un segundo espejamiento surge de considerar la estabilidad resultante: en el primer caso, la energía y la materia crearán y encontrarán, progresivamente, formas estables (estados estables, valga la redundancia) a partir de las funciones de onda puramente probabilísticas que operan en el vacío; en el caso de la conciencia, los datos sensoriales (presiones, temperaturas, intensidades) capturados del entorno encontrarán, progresivamente, la estabilidad de la imagen y el símbolo.  

Así como el Vacío sostiene la unidad del universo, la conciencia sostiene la unidad del Yo. Es la "presión" interna que evita que el sistema vivo se desgarre abrumado por una invasión de datos sueltos. La conciencia ejerce una "gravedad informativa" que mantiene los símbolos en órbita, al tiempo que le brinda cohesión al sujeto.

En última instancia, como intuyó hace milenios la metafísica hindú, mientras del Vacío original emergen las formas materiales, el universo de las cien mil cosas, del vacío mental surgen con la misma espontaneidad y por la misma necesidad las imágenes y representaciones mentales que les confieren a las primeras realidad, aunque sea, en opinión de ellos, una realidad engañosa, afirmación esta última con la que la Epistemología Mestiza, ni tampoco la física contemporánea, están necesariamente de acuerdo. Aunque tampoco lo contrario.

En definitiva, después de este breve espejamiento podemos decir que, al colocar el Vacío frente al espejo de la Conciencia, lo que aparece ahí no es la nada, sino la estructura misma de la posibilidad.

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