viernes, 24 de abril de 2026

EL MITO COMO MEMORIA BIOLÓGICA: DEL CAOS SENSORIAL AL MUNDO NARRADO

 

El concepto de la enacción (Varela). Del dato sensorial al significado. En la interpretación Mestiza, los mitos de creación serían la memoria narrativa de este proceso. 

Cuando los españoles y los portugueses hincaron su rodilla en las Américas, primero, y luego enfilaron sus galeones hacia los lejanos archipiélagos de Oceanía, lo que luego llamaríamos “ciencia moderna” apenas comenzaba a tomar forma en Europa. En cambio, cuando los imperios francés e inglés llegaron a su apogeo, dos o tres siglos más tarde, la taxonomía y el método comparativo habían alcanzado su madurez. Por eso, fueron ellos quienes tomaron nota con mayor rigor de las creencias de los pueblos bajo su dominio y aventuraron las primeras teorías y sistematizaciones sobre sus mitos.

Las similitudes saltaban a la vista y llamaron la atención de los estudiosos. Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se aventuraron hipótesis consistentes para tan poderoso isomorfismo.

Entre los valiosos estudios y teorías que surgieron, destacan dos. Levi-Strauss propuso la idea de que el pensamiento mítico, en general, es la forma como el psiquismo resuelve y articula como unidad las contradicciones y oposiciones de la realidad factual, es decir, el Símbolo emerge para conciliar en una unidad de sentido, lo que en la vida real se presenta como oposición y polaridad, muy particularmente, la dualidad vida ˂---> muerte. Por su parte, Mircea Eliade centró su atención en la organización interna de los mitos y así llegó a la célebre formalización de los conceptos de Tiempo Sagrado y Tiempo Profano como esquema básico a partir de los cuales se organizan estos.

Esta Epistemología Mestiza coincide con ellos en que la convergencia o isomorfismo universal (lo que luego Joseph Campbell llamaría “el monomito”) no puede tener otra explicación que de carácter físico-psíquico o, en sentido amplio, orgánico. En otras palabras, el pensamiento mítico tiene que tener un origen orgánico (entendido esto no en sentido fisiológico); solo así se explica su persistencia y universalidad.

A diferencia de la Mitología Comparada o de la antropología estructuralista, la Epistemología Mestiza dialoga con otras ciencias y se nutre de ellas, y de la biología teórica obtiene valiosa información para aventurar su propia hipótesis sobre el universal isomorfismo del pensamiento mítico.

Así, la Epistemología Mestiza propone que el pensamiento mítico es evidencia simbólica y memoria narrativa de que la conciencia y el mundo son co-emergentes.

Dicho de otra manera, la Epistemología Mestiza sostiene que los relatos míticos de la creación del mundo en illo tempore por obra de los dioses y las diosas están hablándonos, en definitiva, del despertar de la conciencia en los aconte-seres vivos y cómo, por medio de esta, el mundo adquirió formas tangibles y dejó de ser un conjunto de datos sensoriales (impulsos, sensaciones), para convertirse en  una representación coherente y articulada del entorno donde los aconte-seres vivientes deben sobrevivir.

Como es fácil apreciar, esta interpretación del origen y sentido de los mitos tiene un presupuesto biológico (la naturaleza y función de la conciencia en los organismos) y otro de carácter fenomenológico (lo que llamamos “mundo” es una representación mental de una realidad fenoménica cuya naturaleza última es, en definitiva, incognoscible; la conciencia articula la representación del mundo a partir de datos químicos y físicos.)

Examinemos someramente ambos presupuestos.

En cuanto a la función y la evolución de la conciencia en lo organismos vivientes, la biología teórica de Humberto Maturana y Alberto Varela, y otros con ellos y tras ellos, defiende la idea de que los intercambios necesarios para sostener la autopóyesis orgánica no son solo energéticos y materiales, sino también, y en la misma medida, informativos.

Con la vida, podríamos decirlo así, el entorno donde emergen los aconte-seres se convierte, forzosamente, en fuente de información y, por tanto, de “significados”, como empezó a revelarlo el programa de la biosemiótica trazado por Jacob von Uexkül.

Como sostienen Maturana y Varela, para un organismo viviente “todo hacer es un conocer, y todo conocer es un hacer.” Lo que en los organismos unicelulares es percepción de gradientes de temperatura, presión y moléculas nutrientes y tóxicas a través de una membrana, evolucionará con la complejidad orgánica creciente, hasta convertirse en el sistema nervioso central, mediante el cual un abrumador conjunto de datos sensoriales se articulan y emergen como representación mental coherente, y estas, eventualmente, en señales comunicables a individuos de la misma especie y, en los aconte-seres humanos al menos (y quizás en otras especies terrestres), en lenguaje simbólico articulado.  

Así pues, sostiene la Epistemología Mestiza, el relato de la creación del mundo que recogen los mitos, no es otra cosa que la memoria narrativa de la historia de la vida o, más precisamente, la memoria de cómo la conciencia de los aconte-seres vivientes emergió en el mundo y le dio formas para convertirlo percepciones.

En favor de este argumento, pone de relieve un aspecto de los mitos de creación que a menudo no se subraya suficiente.

Rara vez la creación inicia de la nada; los mitos cosmogónicos suelen narrar más bien el proceso mediante el cual los dioses primordiales arrancan los seres y las cosas de una potencialidad amorfa original. Más que de una creación ex nihilo, suele tratarse de formar, individuar o crear a partir del caos o las aguas previamente existentes. De similar manera, la conciencia de los organismos vivos es ese proceso mediante el cual estos se distinguen progresivamente del medio circundante, hasta articularlo como entorno donde deben persistir. Sobra decir que articular el entorno y articularse como organismo son procesos paralelos y concomitantes que se requieren y se impulsan recíprocamente.

Varela, particularmente, ahonda en esta idea mediante el concepto de “Enacción”, el proceso mediante el cual los organismos vivientes transforman los datos del entorno en información con sentido y construyen, a partir de ella, el mundo. De esta forma, los mitos de creación donde un dios "separa la luz de la oscuridad" o "nombra las cosas" son metáforas precisas del proceso de enacción: el momento en que el flujo indiferenciado de estímulos se convierte en distinciones con sentido

Desde esta perspectiva, el relato mítico es la historia de cómo la vida dejó de ser una reacción química para convertirse en un "aconte-ser" que interpreta signos.

En última instancia, el mito no es un intento rudimentario de explicar la física del mundo exterior, sino el registro más arcaico de nuestra propia arquitectura interior. Al narrar el origen de los dioses y la separación de los elementos, el mito recuerda el milagro cotidiano de la percepción: el instante en que la materia se vuelve mirada y el ruido se vuelve lenguaje. 

Somos herederos de ese primer despertar que los antiguos llamaron cosmogonía y que la ciencia hoy denomina conciencia. El mito sobrevive porque, cada vez que un organismo vivo dota de sentido y significados a su entorno, el mundo vuelve a ser creado, una y otra vez, in illo tempore.

Referencias Bibliográficas

  • Lévi-Strauss, Claude. Antropología estructural. (1958).
  • Eliade, Mircea. El mito del eterno retorno. (1949).
  • Varela, Francisco; Thompson, Evan y Rosch, Eleanor. De cuerpo presente: Las ciencias cognitivas y la experiencia humana. (1991).
  • Von Uexküll, Jakob. Andanzas por los mundos circundantes de los animales y los hombres. (1934).


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