viernes, 17 de abril de 2026

LA GEOMETRÍA DEL ENTRELAZAMIENTO: DONDE SULA´ TEJE EL ESPACIO-TIEMPO

Del código geométrico al Orden Explicado. Una interpretación visual del "principio holográfico" desde la cosmogonía bribri. (Serie Epistemología Mestiza: 2026)

Esta Epistemología Mestiza no pretende conocer a fondo la Física Cuántica ni otros campos del saber científico en los que incursiona, pero sí poseer las nociones básicas suficientes para, a partir de ellas, suscitar espejamientos con otros campos de las ciencias humanas y, muy particularmente, con las mitologías, asumiendo que estas, como aquellas, nos ofrecen un “mapa del territorio” útil para orientarnos y sobrevivir en este hermoso y desafiante mundo.

La Epistemología Mestiza no caerá en la ingenuidad de equiparar el modo específico de relacionarse con la realidad de la ciencia moderna, con otras formas del conocimiento, pero tampoco en la ingenuidad opuesta de asumir que el conocimiento científico es intrínsecamente superior o la única forma válida de conocimiento. De la misma forma en que todo lo que nutre es alimento, todo pensamiento que orienta y revela relaciones y conexiones en la multifacética y elusiva realidad, debe ser considerado legítimo conocimiento.

Viene esto a propósito de lo que se conoce como el "principio holográfico" en la Teoría de Supercuerdas, una de las teorías de la Física y la Cosmología contemporánea para tratar de entender y explicar el universo.

Si hemos comprendido bien el principio holográfico formulado inicialmente por Gerard´t Hooft, y luego retomado con diferentes matices por Leonard Susskind, Juan Martín MaldacenaMark Van Raamsdonk, el postulado fundamental sostiene que el universo como lo percibimos es el resultado o el efecto de información cuántica entrelazada en la frontera dimensional (el vacío); de esta forma, el espacio-tiempo mismo es la primera manifestación de dicho entrelazamiento cuántico

Como dice Van Raamsdonk:

"El espacio-tiempo es la manifestación geométrica de cómo la información cuántica está entrelazada."

Todo lo demás viene por añadidura: si el espacio-tiempo es una proyección tridimensional de información cuántica en dos dimensiones, todo lo que ocurre en el universo es también efecto o resultado del  entrelazamiento cuántico y el universo mismo puede entenderse como una especie de proyección holográfica de aquella información.

Las semejanzas de esta teoría con las ideas del Orden Implicado y el Orden Explicado de David Bohm son evidentes; la principal diferencia es que aquí se propone una hipótesis sobre los mecanismos por los que el “orden implicado” se explicita, y esa hipótesis sugiere que el mecanismo es de carácter informacional.

Es inevitable espejar aquí viejas imágenes de la tradición filosófica helénica particularmente a la Escuela Socrática y su Topos Uranos como dimensión trascendente o “realidad verdadera” respecto de la cual lo aparente es apenas deslucida copia, pero más sorprende es constatar que algunos pueblos amerindios habían alumbrado visiones similares.

En la cosmovisión del pueblo bribri, de los bosques tropicales de Costa Rica, el cosmos en su totalidad es un espejamiento entre la Casa Cósmica de Sibö y la Casa Cósmica de Sula´, contrapuestas o invertidas entre sí; visible la primera, invisible la otra. La energía del cosmos circula incesantemente entre ambos planos, visible e invisible, para manifestar la realidad, evocando vivamente el Holomovimiento que imaginó Bohm.

Sibö, el concebidor del mundo, es el código, dueño de la semilla; Sula´ son los artesanos y artesanas que lo ayudan a materializar su obra, que siembran la semilla y tejen los canastos humanos y de los demás seres: 

“No es Sibö quien nos hace. Sibö dejó todo dispuesto, pero él no nos hace.”

El más profundo espejamiento surge al considerar las nociones del “Tiempo de la Luz” y el “Tiempo de la Oscuridad”. El cosmos en su totalidad fue modelado por Sibö y Sula´ y las otras entidades míticas en el Tiempo de la Oscuridad, un tiempo “antes del amanecer”, donde tiene lugar la verdadera realidad, de tal modo que todo lo que existe en el “Tiempo de la Luz”, es decir, en este mundo, no es más que efecto, espejismo o proyección de lo ocurrido “allá”.

"Lo que vemos aquí como colibrí es una representación del verdadero ser que está en el otro mundo. El señor Sibö dejó aquí su representación para que nosotros supiéramos como es. Todos los seres que vemos en nuestro mundo, son representaciones de las verdaderas esencias."

En este aspecto, la cosmovisión bribri resuena con la de todos los pueblos “pre-modernos” conocidos: el universo físico, tangible, perceptible, de los aconte-seres, es efecto o resultado de otro virtual e intangible, situado más allá del espacio y el tiempo.

Como hemos manifestado en otras ocasiones, la Epistemología Mestiza no equipara el "principio holográfico" con la cosmovisión bribri, pero sí las espeja y, al hacerlo, obtiene una nueva luz, un nuevo conocimiento que no estaba presente en ninguna de las dos formas de pensamiento. 

La distancia entre los dos modelos es menor de lo que en principio pensaríamos y, aunque difieren la resolución, las leyendas y los detalles en los mapas, ambos parecen visualizar y parecen representar el mismo territorio.

Y ambas nos dicen que somos información que, al ganar peso y gravedad, adquiere la asombrosa posibilidad de descifrarse a sí misma y, por un instante, imaginar su origen antes y más allá del nacimiento de la luz, en el oscuro vacío.


REFERENCIAS:

García, Alí y Alejandro Jaén. Ies Sa´Yilite. Nuestros Orígenes. Historias bribris. Embajada de España en Costa Rica. Centro Cultural Español. 1a edición. San José,  Costa Rica. 1996.

Nota sobre el espejamiento: El concepto de "Tiempo de la Oscuridad" y la cita sobre el colibrí provienen de la tradición oral recuperada por Alí García y Alejandro Jaén, cuya obra constituye uno de los pilares para este espejamiento.

 


viernes, 10 de abril de 2026

LA CAÍDA: RUPTURA DE SIMETRÍA Y CONDENSACIÓN DEL QI

"El retablo del retorno" Retablo bizantino-brutalista del Anthropos: figura humana con túnica de piel y medallón de oro, representando la materia como inercia y el anhelo del retorno

La mayor parte de la teología cristiana refiere “la Caída” como la caída de Adán y Eva: como consecuencia de ella, se pierde la Gracia y se produce la expulsión del Paraíso Terrenal. Se trata, pues, de una caída moral, por así decirlo.

Sin embargo, suele omitirse otra Caída, anterior y determinante para que esta ocurriera: la de Luzbel o Lucifer que, desde las alturas celestiales, se precipita (por soberbia u orgullo, nos dicen) al Abismo. Esta es, por decirlo de alguna forma, una caída ontológica o cosmológica, no moral. A partir de ahí, el Cosmos se fragmenta y surge el Abismo.

La Caída de Luzbel es requisito, causa y condición de la de Adán y Eva pues, tal y como fue representado por grandes maestros de la pintura occidental y lo ilustran los manuales de doctrina cristiana, la Serpiente/Satán/Lucifer es quien tienta a la Pareja Original, provocándoles su perdición, es decir, dando origen a nuestra desgraciada condición.

El origen de la masa. En términos de imagen, el origen de la masa por el Mecanismo de Higgs y la Caída de la teología cristiana, ofrecen llamativas resonancias.

Muy lejos al este del Mediterráneo, en la China de los Han, los filósofos y los sabios también reflexionaban sobre la condición humana. Para ellos, el universo es un despliegue de energía (Qi, Chi) que vibra y se auto-organiza en diferentes frecuencias o densidades, originándose así la diversidad de los seres y las cosas. La materia es Qi en estado denso o condensado “como el hielo es agua congelada”, nos dicen. No media aquí una falla moral (pecado original) ni ontológica (caída de Luzbel) para que esto ocurra; este Qi denso que es la materia (y por ende somos los humanos), ocurre por leyes que podríamos llamar “naturales”. Sin embargo, la condición material es causa de nuestra finitud y, por tanto, también de nuestra desdicha, pues nadie quiere morir y la inmortalidad ha sido siempre un anhelo humano.

Como puede apreciarse, hay entre estas dos concepciones de la materia y de la condición humana una evidente semejanza, aunque también diferencias importantes.  Enfocándonos en lo primero, destaca que nuestra condición actual, material y mortal, supone la pérdida o el abandono de un estado anterior, donde las condiciones eran “más sutiles y menos densas” (China), o bien, “de gracia y plenitud original” (cristianismo semítico-mediterráneo).

Detalle de "El retablo del retorno"
Lo sorprendente es que, desde la perspectiva de esta Epistemología Mestiza, ambas concepciones pueden espejarse, sin mucha dificultad, con la actual teoría del origen de la Masa/Materia a partir de la actividad cuántica por la mediación del Campo de Higgs, donde las fluctuaciones del campo rompen la simetría original, ralentizando la energía y precipitándola hacia la inercia, originándose así la masa y, por tanto, la gravedad donde tiene lugar nuestro aconte-ser.

Muy lejos de las intenciones de esta Epistemología Mestiza sugerir que en la teología cristiana o en el organicismo chino existiera una intuición de lo que hoy conocemos como Teoría de Campos Cuánticos, sino más bien apuntar las convergencias entre estas tres muy diferentes formas de explicar e imaginar la materia. Al final, si alguien quisiera buscar aquí un alegato, sería más bien en favor de la imaginación como herramienta cognitiva. Y las posibilidades de la imaginación, contrario a lo que piensan algunos, no son ilimitadas. Así pues, el isomorfismo: Energía –> Perturbación –> Materia, emerge como una constante en las formas como los humanos hemos intentado explicarnos esta realidad en la que somos.

Tanto dentro del mundo cristiano como dentro del chino, surgirá eventualmente la idea de que es posible des-andar el camino y remontar hacia el estado de plenitud original. En esta operación, manipular la materia y manipular el espíritu serán operaciones coincidentes. Una vez más, es necesario visualizar tanto las similitudes como las diferencias entre la alquimia cristiana (hermética) y la alquimia china.

Mientras dentro del mundo cristiano el artíficex  era el agente activo que impulsaba la transmutación de la materia hacia la “piedra filosofal”, en la alquimia china (Neidan, Alquimia Interna), el sabio sintoniza su Qi con el del universo, con miras a revertir el flujo del tiempo y remontar del “Cielo Posterior” (la materia donde ocurre la condición humana) al “Cielo Anterior” (El Qi más sutil, no condensado, de la energía).

Otro detalle de "El Retablo del Retorno".
Para el artífice chino de la alquimia Neidan, el laboratorio era su propio organismo (no así para el artífice de la alquimia exterior o Waidan, que trabajaba con crisoles y sustancias); para el artífice de la alquimia hermética, la transmutación de la materia y el espíritu eran procesos convergentes cuyo éxito dependía tanto del estado espiritual del alquimista, como de la pulcritud y rigor con que se ejecutaran los procedimientos debidos.


En ambos casos está presente, pues, el significante de remontar la condición humana hacia otra anterior u original, más plena, más libre y más dichosa. Ya hemos visto que este mismo presupuesto epistemológico subyace a la idea del viaje chamánico.

Hasta donde sabemos, la Física cuántica no va tan lejos.


Referencias:

Eliade, M. (2001). Herreros y alquimistas (Traducción de Pierre de Place). Madrid: Alianza Editorial. (Colección: Alianza Ensayo).

Needham, J. (1962-1971). Science and Civilisation in China. Volume 4: Physics and Physical Technology. Cambridge University Press.

Resonli, Laliga, L. (1990). Paracelso, Alquimista y Filósofo. Editorial Letras Cubanas.



viernes, 3 de abril de 2026

LA MATERIA COMO PUERTO DE LLEGADA: DEL DESEO DIVINO A LA RESONANCIA DEL QI

 

El continuum del Qi y el Gan Yin. "La materia" no ha existido desde siempre. Es un concepto laboriosamente construido y con muchas derivaciones históricas y culturales. Presciendiendo de divinidades, los antiguos chinos llegaron a la idea de Qi, que resuena profundamente con la Física Cuántica. La materia es Qi en estado de mayor densidad.

Desde cierta perspectiva, “la materia” no existe hasta el siglo VI antes de la Era Común, cuando en la Hélade los primeros filósofos se preguntaron por el primer (o el último) componente de la diversidad de los seres y las cosas, originándose así la teoría atomista de Demócrito y otras en la misma dirección. En China, como veremos más adelante, ocurría algo similar.

En otras palabras: dentro del pensamiento mítico esta es una pregunta que no tiene cabida. Los seres y las cosas existen por la voluntad de los dioses y las diosas, quienes pueden transformarlas y modificarlas, dando así origen a otros seres, pero la pregunta por “el componente último de la realidad” no existe. Los seres y las cosas, en su sobrecogedora diversidad, existen (existimos) porque fueron concebidos y creados por los dioses, o bien, porque en algún momento otros dioses intervinieron o modificaron a los seres pre existentes para que sean lo que son hoy.  

¿Sobre qué entidades o realidades operan los dioses y las diosas primordiales para que el mundo exista o tome forma?

Ciertamente, en los relatos míticos los dioses originales no operan sobre la nada, sino sobre algo que, por muy diferentes caminos o imágenes, viene a significar “la potencialidad”.

Escuchemos el Popol Vuh:

Solo estaban Tz´aqol,

                Bitol,

Tepew Qúkumatz,

Alom,

K´ajolom en el agua.

Diminaban luz

Estando envueltos en plumas de quetzal

en plumas azules…”

 Y el Himno de la Creación (Nasadiya Sukta) del Rig Veda:

"Al principio no había el Ser ni el No-Ser... Solo el Uno respiraba, por su propia naturaleza, sin aire... Entonces, en el principio, surgió el Deseo (Kama), que fue la primigenia semilla de la mente"

En definitiva, la realidad sobre la que operan los dioses primordiales es su propio deseo.

De cierta forma, la sofisticada metafísica hindú se aparta de esta tónica y se pregunta por el sustrato último de la realidad, pero su respuesta nos lleva muy lejos de la materia, más bien a sus antípodas, conduciéndonos hacia Brahma, la Conciencia o Mente Pura, mientras que la Materia queda relegada a la mera condición de ilusión (Maya). La respuesta védica, entonces, tampoco apunta hacia lo que, a partir de los griegos, empezaremos a conceptualizar como “materia”.

Dos caminos que se bifurcan están, al inicio, muy cerca, pero conforme avanzan, se alejan más y más, como podemos observarlo en la encrucijada entre el pensamiento mítico y el logos griego. Si la pregunta mítica es, en general, ¿de dónde surge y por qué existe lo que existe?, el primitivo logos inquiere, más bien: ¿qué es lo que existe y de qué está formado? 

Durante más de dos milenios, las respuestas a la pregunta por la materia irán variando, y del mundo helénico y mediterráneo, se diseminarán hacia lo que luego vendrá a ser la Cristiandad, el Islam, etc. Así, la materia será en la doctrina hylemórfica de Aristóteles pura potencialidad sin forma (o potencialidad aguardando por forma); en el medioevo y el alquimismo pre y post renacentistas, tres o cuatro elementos (hasta una docena) que, en su interacción, dan origen a la variedad de lo existente; en el racionalismo cartesiano, res extensa (dotada de extensión y movimiento); en el mecanicismo newtoniano, partículas interactuantes; en el relativismo einsteniano, energía, para mutar nuevamente, con la teoría de campos cuánticos, hacia información. Ya Gastón Bachelard (El Nuevo Espíritu Científico 1934) había señalado que la materia propiamente dicha no existe, pues su concepto es una incesante re-construcción epocal.

Sin embargo, una civilización se caracteriza por haber distinguido, muy tempranamente, lo que entendemos como “materia”, separándolo de la voluntad de los dioses, y por haber desarrollado una sofisticada concepción sobre ella, que resuena profundamente con algunas de las concepciones más avanzadas de la ciencia occidental.

Nos referimos a China. Según Joseph Needham, en su monumental Science and Civilisation in China (Cambridge University Press, 1954 en adelante), a través del concepto de Qi (Chi), la civilización china, tan tempranamente como el siglo IV AEC, empieza a decantar una concepción de la materia estrechamente ligada con la energía y con el vacío. De hecho, no hay ruptura insalvable entre estos tres conceptos, solo gradaciones de intensidad o “sutileza”: la materia es Qi en estado de mayor densidad, y de ella dimanan “las diez mil cosas”. Por su parte, el vacío de donde dinamina el Qi, es pura potencialidad sin forma. Polarizándose en incesante dualidad, el Qi se diversifica y sintetiza sin cesar

Además, brilla en esta concepción un concepto con el que esta Epistemología Mestiza es particularmente afecta: la resonancia. Fascinados por el fenómeno del magnetismo, los sabios y estudiosos chinos entienden el mundo como una serie de campos donde las energías se propagan y vibran en diferentes frecuencias, produciéndose así la resonancia. Las cosas se mueven y se transforman no porque un dios lo ordene, sino por resonancia (Ganying). Más que un mundo mecanicista, donde la dualidad sujeto/objeto se impone, estamos ante (o dentro) de un mundo organicista, donde todo está inter-relacionado, no de forma mágica o “espiritual”, sino por ese continuum del Qi, presente en todos los órdenes de la realidad, por ser su fundamento último. Esta concepción, sobre todo a partir de sus formalizaciones más maduras, alrededor del año 1000 EC (Dinastía Song, 960 - 1279 d.C), postula claramente la idea de que el Qi (unidad de energía y materia en diferentes estados), se auto organiza espontáneamente (Li).

Así pues, lejos de ser un “punto de partida”, como lo es hoy para nosotros, la materia constituye más bien un “puerto de llegada” para los aconte-seres humanos en la reflexión sobre esta incierta aventura cósmica de la que somos partícipes.

LA GEOMETRÍA DEL ENTRELAZAMIENTO: DONDE SULA´ TEJE EL ESPACIO-TIEMPO

Del código geométrico al Orden Explicado. Una interpretación visual del "principio holográfico" desde la cosmogonía bribri. (Seri...