viernes, 10 de abril de 2026

LA CAÍDA: RUPTURA DE SIMETRÍA Y CONDENSACIÓN DEL QI

"El retablo del retorno" Retablo bizantino-brutalista del Anthropos: figura humana con túnica de piel y medallón de oro, representando la materia como inercia y el anhelo del retorno

La mayor parte de la teología cristiana refiere “la Caída” como la caída de Adán y Eva: como consecuencia de ella, se pierde la Gracia y se produce la expulsión del Paraíso Terrenal. Se trata, pues, de una caída moral, por así decirlo.

Sin embargo, suele omitirse otra Caída, anterior y determinante para que esta ocurriera: la de Luzbel o Lucifer que, desde las alturas celestiales, se precipita (por soberbia u orgullo, nos dicen) al Abismo. Esta es, por decirlo de alguna forma, una caída ontológica o cosmológica, no moral. A partir de ahí, el Cosmos se fragmenta y surge el Abismo.

La Caída de Luzbel es requisito, causa y condición de la de Adán y Eva pues, tal y como fue representado por grandes maestros de la pintura occidental y lo ilustran los manuales de doctrina cristiana, la Serpiente/Satán/Lucifer es quien tienta a la Pareja Original, provocándoles su perdición, es decir, dando origen a nuestra desgraciada condición.

El origen de la masa. En términos de imagen, el origen de la masa por el Mecanismo de Higgs y la Caída de la teología cristiana, ofrecen llamativas resonancias.

Muy lejos al este del Mediterráneo, en la China de los Han, los filósofos y los sabios también reflexionaban sobre la condición humana. Para ellos, el universo es un despliegue de energía (Qi, Chi) que vibra y se auto-organiza en diferentes frecuencias o densidades, originándose así la diversidad de los seres y las cosas. La materia es Qi en estado denso o condensado “como el hielo es agua congelada”, nos dicen. No media aquí una falla moral (pecado original) ni ontológica (caída de Luzbel) para que esto ocurra; este Qi denso que es la materia (y por ende somos los humanos), ocurre por leyes que podríamos llamar “naturales”. Sin embargo, la condición material es causa de nuestra finitud y, por tanto, también de nuestra desdicha, pues nadie quiere morir y la inmortalidad ha sido siempre un anhelo humano.

Como puede apreciarse, hay entre estas dos concepciones de la materia y de la condición humana una evidente semejanza, aunque también diferencias importantes.  Enfocándonos en lo primero, destaca que nuestra condición actual, material y mortal, supone la pérdida o el abandono de un estado anterior, donde las condiciones eran “más sutiles y menos densas” (China), o bien, “de gracia y plenitud original” (cristianismo semítico-mediterráneo).

Detalle de "El retablo del retorno"
Lo sorprendente es que, desde la perspectiva de esta Epistemología Mestiza, ambas concepciones pueden espejarse, sin mucha dificultad, con la actual teoría del origen de la Masa/Materia a partir de la actividad cuántica por la mediación del Campo de Higgs, donde las fluctuaciones del campo rompen la simetría original, ralentizando la energía y precipitándola hacia la inercia, originándose así la masa y, por tanto, la gravedad donde tiene lugar nuestro aconte-ser.

Muy lejos de las intenciones de esta Epistemología Mestiza sugerir que en la teología cristiana o en el organicismo chino existiera una intuición de lo que hoy conocemos como Teoría de Campos Cuánticos, sino más bien apuntar las convergencias entre estas tres muy diferentes formas de explicar e imaginar la materia. Al final, si alguien quisiera buscar aquí un alegato, sería más bien en favor de la imaginación como herramienta cognitiva. Y las posibilidades de la imaginación, contrario a lo que piensan algunos, no son ilimitadas. Así pues, el isomorfismo: Energía –> Perturbación –> Materia, emerge como una constante en las formas como los humanos hemos intentado explicarnos esta realidad en la que somos.

Tanto dentro del mundo cristiano como dentro del chino, surgirá eventualmente la idea de que es posible des-andar el camino y remontar hacia el estado de plenitud original. En esta operación, manipular la materia y manipular el espíritu serán operaciones coincidentes. Una vez más, es necesario visualizar tanto las similitudes como las diferencias entre la alquimia cristiana (hermética) y la alquimia china.

Mientras dentro del mundo cristiano el artíficex  era el agente activo que impulsaba la transmutación de la materia hacia la “piedra filosofal”, en la alquimia china (Neidan, Alquimia Interna), el sabio sintoniza su Qi con el del universo, con miras a revertir el flujo del tiempo y remontar del “Cielo Posterior” (la materia donde ocurre la condición humana) al “Cielo Anterior” (El Qi más sutil, no condensado, de la energía).

Otro detalle de "El Retablo del Retorno".
Para el artífice chino de la alquimia Neidan, el laboratorio era su propio organismo (no así para el artífice de la alquimia exterior o Waidan, que trabajaba con crisoles y sustancias); para el artífice de la alquimia hermética, la transmutación de la materia y el espíritu eran procesos convergentes cuyo éxito dependía tanto del estado espiritual del alquimista, como de la pulcritud y rigor con que se ejecutaran los procedimientos debidos.


En ambos casos está presente, pues, el significante de remontar la condición humana hacia otra anterior u original, más plena, más libre y más dichosa. Ya hemos visto que este mismo presupuesto epistemológico subyace a la idea del viaje chamánico.

Hasta donde sabemos, la Física cuántica no va tan lejos.


Referencias:

Eliade, M. (2001). Herreros y alquimistas (Traducción de Pierre de Place). Madrid: Alianza Editorial. (Colección: Alianza Ensayo).

Needham, J. (1962-1971). Science and Civilisation in China. Volume 4: Physics and Physical Technology. Cambridge University Press.

Resonli, Laliga, L. (1990). Paracelso, Alquimista y Filósofo. Editorial Letras Cubanas.



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