sábado, 13 de junio de 2026

LA VIDA BARIÓNICA

 

La isla bariónica. La "materia ordinaria" o "materia bariónica", que constituye "nuestro" universo observable, explica alrededor de una quinta parte de la curvatura gravitatoria del espacio-tiempo. El resto del universo es "terra incógnita". Somos, pues, "vida bariónica". 

El universo conocido -el universo, desde la perspectiva humana- es coextensivo al orden atómico. En otras palabras: todo cuanto sabemos del universo tiene que ver con la organización energética estructurada en los átomos. Los fotones -emisarios cósmicos, portadores de información-, emergen de la excitación del campo electromagnético por los electrones cuando se desplazan.  La amplitud de nuestro universo conocido es la misma del espectro electromagnético. Las interacciones electromagnéticas son los límites de lo detectable y de lo conocible para nuestra especie, es decir, para nuestro sistema cognitivo.

No obstante, hoy la física tiene evidencia de que eso no es todo lo que existe: la así llamada “materia oscura”, que no interactúa con los fotones, pero ejerce influencia gravitatoria sobre el campo métrico del espacio tiempo.   Según las estimaciones de los físicos, la materia ordinaria da cuenta, apenas, de una quinta parte de la materia total del universo. Es decir, cerca del 80% de la masa que curva el espacio-tiempo obedece a lo que hoy llamamos 'materia oscura' o 'materia no bariónica'.

Un examen riguroso de lo hasta aquí expuesto, nos obliga a reconocer que no sabemos con certeza si esa “materia no bariónica” responde a una sola configuración, es decir, si es un orden unitario (como el atómico/electromagnético) de “nuestro” universo, o si esa influencia gravitatoria detectada por los físicos obedece a diversas organizaciones o configuraciones energéticas. Nada sabemos de ello.

Valiéndonos de una analogía, podemos afirmar, con relativa certeza, que “nuestro” universo bariónico “colinda” con otra u otras realidades con las que apenas interactúa, pues solo tenemos evidencia gravitatoria de ellas.

La Epistemología Mestiza parte de la premisa de que la capacidad imaginativa es un elemento integral de nuestro sistema cognitivo. La imaginación y la especulación son, por decirlo así, una marca o un sello de nuestra especie. De ahí la premisa epistémica de buscar convergencias o espejamientos entre el pensamiento mitológico y el pensamiento científico.

Ahora bien, lo que queremos proponer aquí va más lejos, es decir, más allá de las fronteras de la imaginación, tal y como la “materia oscura” se sitúa más allá de la materia bariónica.

Si “nuestro” universo es el universo bariónico y nosotros somos “vida bariónica”, nada nos autoriza a descartar la posibilidad de que más allá de estos linderos, en el universo que se abre ahí donde empieza la “materia oscura”, existan otras formas de organización energética que hayan desembocado en fenómenos análogos a la vida, es decir, en sistemas auto organizados, auto replicantes, adaptativos a su medio, mutantes y capaces de actuar con relativa autonomía.

Si existe la materia bariónica organizada como “vida bariónica”, ¿por qué no podría ser parecido con otras formas de materia y energía?

sábado, 6 de junio de 2026

HERMES Y LA IN-FORMACIÓN: EL TEJIDO COMUNICATIVO DE LA MATERIA

Hermes y el fotón. Un espejamiento entre la deidan helénica y el espectro electromagnético como agentes mediadores de la in-formación de la realidad.

Esta Epistemología Mestiza no se resiste a la tentación de ensayar el espejamiento del fotón con la deidad de Hermes o Mercurio del mundo helénico y helenístico. Ello no implica, desde luego, que la figura mítica y el fenómeno físico sean equiparables, sino que ambos describen con precisión, en épocas y lenguajes diferentes, la misma propiedad de lo real.

Veamos: Hermes, el mensajero de los dioses, se caracteriza por la velocidad, como el fotón que viaja a la velocidad de la luz; Hermes es el único de los dioses facultado para viajar entre todos los planos de la realidad, desde el Hades o el submundo, pasando por el plano terrenal o humano, hasta el mundo de los dioses, de la misma forma en que el fotón, surgiendo de la materia, es luz y carece de masa. Hermes es camaleónico y tiene la capacidad de adoptar muchas formas, tal y como el fotón puede adoptar, dentro del espectro electromagnético, diversas frecuencias que le confieren características muy diferentes, desde las bajas frecuencias de radio, pasando por los infra rojos y el espectro de la luz visible, hasta las altas radiaciones de los rayos X y de los rayos gamma.

Sobre la vida de los fotones en el infra mundo, vale la pena traer a colación un aspecto fascinante: en los procesos de fusión atómica que tienen lugar en los núcleos estelares, bajo presiones y fuerzas inconmensurables, se liberan radiaciones electromagnéticas masivas. Dentro de las estrellas, los fotones viajan durante miles, o cientos de miles de años, abriéndose paso hacia la superficie exterior entre el caótico plasma, antes de poder emprender su viaje por el medio o el espacio interestelar.  

Es de este viaje por el medio interestelar, es decir, de la trayectoria de los fotones por el espacio, de donde más claramente surge su espejamiento con Hermes o Mercurio, es decir, donde se plasma con mayor transparencia su propiedad de "emisarios" o de "mensajeros".

Para realizar nuestro espejamiento, debemos recordar que esta Epistemología Mestiza, en sintonía con la física contemporánea, define la materia como una configuración del espacio-tiempo que, tensionado por la energía, ha encontrado un orden estable en la realidad. Veamos ahora qué hace posible tal estabilidad o, mejor dicho, en qué consiste esta.  

Como es evidente, la estabilidad de la materia, el fundamento de su “orden estable”, es la organización atómica, consistente en el núcleo, compuesto por protones y neutrones, y la nube electrónica que equilibra o compensa la carga eléctrica positiva del núcleo. Desde esta perspectiva, puede afirmarse que el núcleo in-forma al espacio de su existencia y que los electrones son la respuesta a dicha presencia o información. Si el primero es masivo y localizado, los segundos son volátiles y dispersos.

Para que tal equilibrio sea posible, debe existir una correlación entre los protones y los electrones. Así pues, la organización nuclear el número y disposición de los protones y neutrones determina o condiciona el número de electrones, pero también los orbitales electrónicos y el campo de posibilidades de sus saltos cuánticos o variaciones energéticas.

En otras palabras, hablar del “orden estable” de la materia está muy lejos de significar que este sea un “orden estático”. Todo lo contrario: los átomos, como cualquier sistema del universo, son increíblemente dinámicos: los electrones son movimiento, agitación (de ahí su doble naturaleza ondulatoria y corpuscular, probabilística), y también dentro del núcleo, protones y neutrones son, ante todo, vibración y rotación.

Además de lo anterior, los átomos en su conjunto intercambian permanentemente energía con su entorno, es decir, con los “campos” en los cuales están inscritos (el tejido espacio-temporal), y a través de ellos, con otros átomos y moléculas en el espacio…

Este proceso de intercambio de energía entre los átomos puede ser descrito y comprendido también como intercambio de información. Veamos por qué y en qué sentidos.

La agitación de la nube electrónica asociada a cada átomo, genera una perturbación del campo electromagnético alrededor de este. Esta perturbación se desplaza a través el espacio-tiempo en forma de fotones que, viajando a la velocidad de la luz, encontrarán otros átomos (o moléculas) en su trayectoria.

El fotón incidente impactará en el átomo receptor aumentando el nivel de energía en sus orbitales electrónicos. Sin embargo, el efecto de dicho impacto es temporal, y cuando el electrón decaiga a su estado anterior, emitirá a su vez un fotón que se propagará en el espacio, transmitiéndose así la “noticia de una diferencia” que es, en definitiva, información.

La transmisión de esta noticia, de esta diferencia, es posible porque todos los átomos, independientemente de sus características particulares (como peso atómico u orbitales electrónicos) comparten la misma estructura, el mismo “lenguaje” de electrones y orbitales sensibles a los cambios de energía inducidos por los fotones. Se requiere de un “lenguaje” común para transmitir la señal o noticia de una diferencia, y los átomos, aun cuando se diferencien entre sí, están estructurados con similares componentes y responden a las mismas variables. Pertenecen al mismo orden de magnitud o realidad.

Así, pues, la perspectiva que esbozamos aquí nos permite entender la realidad como un suceso in-formativo, en el que átomos y moléculas se transmiten permanentemente información sobre su estado actual y sobre su cambiante entorno. 

El mensajero o vehículo de dicha información es el fotón, la actividad del campo electromagnético, encargado de difundir por el espacio la "noticia de una diferencia" que se remonta al origen del tiempo, y cuyos ecos no dejan de propagarse desde entonces, transformando a su paso la realidad.

El viaje de los fotones dentro del cuerpo estelar y su posterior emisión, en clave de estética mestiza.



 

LA VIDA BARIÓNICA

  La isla bariónica.  La "materia ordinaria" o "materia bariónica", que constituye "nuestro" universo observab...