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| Hermes y el fotón. Un espejamiento entre la deidan helénica y el espectro electromagnético como agentes mediadores de la in-formación de la realidad. |
Esta Epistemología Mestiza no se resiste a la tentación de ensayar el espejamiento del fotón con la deidad de Hermes o Mercurio del mundo helénico y helenístico. Ello no implica, desde luego, que la figura mítica y el fenómeno físico sean equiparables, sino que ambos describen con precisión, en épocas y lenguajes diferentes, la misma propiedad de lo real.
Veamos: Hermes, el mensajero
de los dioses, se caracteriza por la velocidad, como el fotón que viaja a la
velocidad de la luz; Hermes es el único de los dioses facultado para viajar
entre todos los planos de la realidad, desde el Hades o el submundo, pasando
por el plano terrenal o humano, hasta el mundo de los dioses, de la misma forma
en que el fotón, surgiendo de la materia, es luz y carece de masa. Hermes es
camaleónico y tiene la capacidad de adoptar muchas formas, tal y como el fotón
puede adoptar, dentro del espectro electromagnético, diversas frecuencias que
le confieren características muy diferentes, desde las bajas frecuencias de
radio, pasando por los infra rojos y el espectro de la luz visible, hasta las
altas radiaciones de los rayos X y de los rayos gamma.
Sobre la vida de
los fotones en el infra mundo, vale la pena traer a colación un aspecto fascinante: en los procesos de fusión atómica que tienen lugar en los núcleos
estelares, bajo presiones y fuerzas inconmensurables, se liberan radiaciones
electromagnéticas masivas. Dentro de las estrellas, los fotones viajan durante
miles, o cientos de miles de años, abriéndose paso hacia la superficie exterior entre el caótico plasma, antes de poder emprender su viaje por el medio o el espacio interestelar.
Es de este viaje
por el medio interestelar, es decir, de la trayectoria de los fotones por el
espacio, de donde más claramente surge su espejamiento con Hermes o Mercurio, es decir, donde se plasma con mayor transparencia su propiedad de "emisarios" o de "mensajeros".
Para realizar nuestro espejamiento, debemos recordar que esta Epistemología Mestiza, en sintonía con la física contemporánea, define la materia como una configuración del espacio-tiempo que, tensionado por la energía, ha encontrado un orden estable en la realidad. Veamos ahora qué hace posible tal estabilidad o, mejor dicho, en qué consiste esta.
Como es evidente,
la estabilidad de la materia, el fundamento de su “orden estable”, es la
organización atómica, consistente en el núcleo, compuesto por protones y neutrones,
y la nube electrónica que equilibra o compensa la carga eléctrica positiva del
núcleo. Desde esta perspectiva, puede afirmarse que el núcleo in-forma al
espacio de su existencia y que los electrones son la respuesta a dicha
presencia o información. Si el primero es masivo y localizado, los segundos son
volátiles y dispersos.
Para que tal
equilibrio sea posible, debe existir una correlación entre los protones y los
electrones. Así pues, la organización nuclear ‒el número y disposición
de los protones y neutrones‒ determina o condiciona el número de
electrones, pero también los orbitales electrónicos y el campo de posibilidades
de sus saltos cuánticos o variaciones energéticas.
En otras palabras,
hablar del “orden estable” de la materia está muy lejos de significar que este sea un
“orden estático”. Todo lo contrario: los átomos, como cualquier sistema del
universo, son increíblemente dinámicos: los electrones son movimiento,
agitación (de ahí su doble naturaleza ondulatoria y corpuscular, probabilística),
y también dentro del núcleo, protones y neutrones son, ante todo, vibración y rotación.
Además de lo
anterior, los átomos en su conjunto intercambian permanentemente energía con su
entorno, es decir, con los “campos” en los cuales están inscritos (el tejido
espacio-temporal), y a través de ellos, con otros átomos y moléculas en el
espacio…
Este proceso de
intercambio de energía entre los átomos puede ser descrito y comprendido
también como intercambio de información. Veamos por qué y en qué sentidos.
La agitación de
la nube electrónica asociada a cada átomo, genera una perturbación del campo
electromagnético alrededor de este. Esta perturbación se desplaza a través el
espacio-tiempo en forma de fotones que, viajando a la velocidad de la luz, encontrarán
otros átomos (o moléculas) en su trayectoria.
El fotón
incidente impactará en el átomo receptor aumentando el nivel de energía en sus
orbitales electrónicos. Sin embargo, el efecto de dicho impacto es temporal, y
cuando el electrón decaiga a su estado anterior, emitirá a su vez un fotón que
se propagará en el espacio, transmitiéndose así la “noticia de una diferencia”
que es, en definitiva, información.
La transmisión de esta noticia, de esta diferencia, es posible porque todos
los átomos, independientemente de sus características particulares (como peso
atómico u orbitales electrónicos) comparten la misma estructura, el mismo “lenguaje”
de electrones y orbitales sensibles a los cambios de energía inducidos por los
fotones. Se requiere de un “lenguaje” común para transmitir la señal o noticia
de una diferencia, y los átomos, aun cuando se diferencien entre sí, están
estructurados con similares componentes y responden a las mismas variables.
Pertenecen al mismo orden de magnitud o realidad.
Así, pues, la perspectiva que esbozamos aquí nos permite entender la realidad como un suceso in-formativo, en el que átomos y moléculas se transmiten permanentemente información sobre su estado actual y sobre su cambiante entorno.
El mensajero o vehículo de
dicha información es el fotón, la actividad del campo electromagnético, encargado de difundir por el espacio la "noticia de una diferencia" que se remonta al origen del tiempo, y cuyos ecos no dejan de propagarse desde entonces, transformando a su paso la realidad.
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| El viaje de los fotones dentro del cuerpo estelar y su posterior emisión, en clave de estética mestiza. |


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