En su breve historia, esta Epistemología Mestiza ha dado con no pocos interlocutores con quienes encuentra afinidad y resonancia en sus búsquedas, en sus métodos y, a menudo, incluso en sus términos. Uno de ellos es, sin duda, el filósofo francés Gilbert Simondon (1924-1989). Simondon es un filósofo relativamente poco conocido, de quien se dice ejerció considerable influencia sobre su paisano Gilles Deleuze.
En cualquier
caso, la Epistemología Mestiza llegó a él por tratarse de un filósofo que
reflexionó profundamente sobre la materia ‒específicamente, sobre
el proceso de individuación; es decir, sobre los procesos mediante los cuales
llegan a existir entidades o realidades “individuales” o “singulares”.
Más importante aún, en su reflexión Simondon utilizó enfoques y términos con los que esta Epistemología resuena, tales como “sistema”, “energía”, “energía potencial”, “resonancia”, entre otros. Familiarizado con el pensamiento científico (y muy particularmente, con los procesos tecnológicos), Simondon poseía una sólida cultura científica en diversos campos, incluyendo la física, la biología y la sicología.
Sus reflexiones
sobre el proceso de individuación resultan de sumo interés para la Epistemología
Mestiza, interesada por su parte en los procesos de síntesis e integración. Lo
que puede parecer una paradoja lo es solo superficialmente, pues siendo la individuación
“lo opuesto” de la integración, arroja muchas luces sobre ella, y viceversa.
Seguramente
Simondon coincidiría con ese axioma de la Epistemología Mestiza según el cual,
para integrarse a un sistema mayor, es preciso haberse diferenciado previamente,
aunque sin duda él utilizaría aquí el término “individualizarse”. En otras
palabras: solo puede integrarse y ser integrado, aquello que se ha
individualizado o diferenciado previamente. Integración y diferenciación
(individuación) son las dos caras de un mismo proceso, que la inteligencia solo
puede captar diferenciadamente.
Sin embargo, no
es sobre este aspecto sobre lo que pretendemos reflexionar en esta ocasión,
sino sobre lo que Simondon denomina “transducción” y su relación con el “espejamiento”
de la Epistemología Mestiza.
La transducción,
nos dice Simondon, puede ser identificada en todos las escalas y procesos de lo
real, empezando por los puramente físicos o materiales, pero también en los
biológicos, mentales y sociales, y consiste en la operación mediante la cual “una
actividad se propaga progresivamente en el interior de un dominio”, para agregar
enseguida: “cada región de estructura constituida, sirve de principio de
constitución a la región siguiente, de
modo que una modificación se extiende así progresivamente al mismo tiempo que
dicha operación estructurante.”
De esta definición,
retengamos que la transducción es el proceso mediante el cual una estructura se
propaga dentro de un dominio. Un ejemplo claro en este sentido es la
cristalización, acerca de la cual Simondon reflexiona aguda y extensamente: los
cristales emergen dentro de una solución sobresaturada por un proceso de transducción.
No es necesario saber mucho de química para comprender lo que se nos está diciendo.
El asunto se pone
más interesante si consideramos, por ejemplo, la estructura centro-periferia y
su iteración en diferentes escalas y dominios de lo real.
Como es de sobra conocido,
este esquema o principio estructural ‒centro/periferia‒ es perfectamente identificable
en la organización atómica, en la organización cosmológica a nivel galáctico y
en otros subsistemas, a nivel celular y orgánico; también en la escala de los
sistemas sociales, probablemente también a nivel psíquico, etcétera.
En consecuencia,
podemos preguntarnos si estamos frente a la transducción de un principio de organización
que opera en todas las escalas de lo real. ¿Se trata, efectivamente, de un
mismo principio que se transduce, o solo de una semejanza formal, de un
isomorfismo? ¿Qué tienen en común el núcleo atómico, el núcleo galáctico, el
núcleo celular y el centro de un sistema económico-político, más allá de actuar
como punto nodal de una estructura de relaciones que definen un “interior” y un
“exterior”?
Simondon, probablemente, nos advertiría
contra el peligro de la analogía abstracta, exigiendo encontrar el mecanismo
genético común antes de validar la relación.
La Epistemología Mestiza no es tan terminante al respecto. Incluso asumiendo que ese isomorfismo no revela un mismo principio o agente de actividad (puesto que se trata, como es evidente, de diferentes dominios), la existencia de un patrón formal iterándose en diferentes campos y escalas de lo real reporta, en sí misma, cierta significación, “nos dice algo” acerca de la forma en que lo real se organiza y comporta. Desde la perspectiva de los Sistemas Complejos, estos isomorfismos revelan la recurrencia de ciertos "atractores" sistémicos en la organización de los diferentes campos de energía, y adquieren, por lo tanto, valor informativo.
La materia y la energía tiende a organizarse según ciertos patrones, y si es cierto que la analogía legítima es aquella que revela una identidad de relaciones, antes que una relación de identidad, el espejamiento del núcleo celular con el núcleo atómico y con el núcleo galáctico, revela una identidad de relaciones topológicas en tres órdenes o dominios diferentes de la realidad.
A diferencia de la transducción, el espejamiento del que aquí hablamos apunta a identificar esas relaciones formales, esos isomorfismos, en las diferentes escalas y dominios, pues su objetivo no es descifrar la mecánica de la realidad, sino construir significados mediante los cuales los aconte-seres humanos recuperemos el derecho pleno de ciudadanía en la realidad y nos reinstalemos como legítimos habitantes del cosmos. En otro sitio lo hemos dicho: el espejamiento es una forma de re-conocimiento (no de conocimiento), y como operación, tiene algo de ciencia, algo de arte y algo de magia.
REFERENCIAS:
Simondon,
Gilbert. La individuación a la luz de las nociones de forma e información (1958).
Editorial Cactus, Argentina. 2ª edición, 2015

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